lunes, 3 de octubre de 2011

¿Y Manizales qué?

Por: Juan Pablo Gutiérrez Alzate - @elmiquitojpg



A finales del año anterior tuve la posibilidad de visitar Medellín. Como siempre, uno queda fascinado con la vida de la capital de la montaña, la amabilidad de la gente, el clima, la infraestructura, el comercio, entre otros. Aproveché una oportunidad que tuve, me monté en el Metro y me dirigí a la nueva línea del MetroCable, la “Jota”, inaugurada hace más o menos tres años, que conduce a los sectores de San Javier, Juan XXIII, Vallejuelos y La Aurora, en las comunas Nororiental y Noroccidental de esa ciudad.

Uno se siente como esos narradores omniscientes de las novelas, sobrevolando las zonas que hasta entonces eran la cara oculta del portentoso y próspero Medellín. El espectáculo es sobrecogedor, la miseria, la ropa colgada, los niños semidesnudos y barrigones recorriendo las intrincadas callejuelas que circundan las barriadas, los tejados con publicidades políticas descoloridas, que seguramente para esta época ya estarán retocados; se trata de un cuadro cargado con realismo mágico pintado con todo lo que ha sido Colombia. Sin embargo, ese recorrido es una prueba de que Medellín aceptó sus miserias, su atraso, y que reconoció que estos ocultos habitantes eran también medellinenses, paisas, antioqueños “de pura cepa”, y además que tenían derecho a acceder a esa Medellín cosmopolita e incluyente que conocemos en el resto del país y del mundo.

No hace mucho, me dirigía a mi oficina caminando, en el trayecto me crucé con la estación Centro del Cable Aéreo de Manizales. Vi como un desprevenido usuario descendía de un taxi y se acercaba a la portería de la estación, llevando consigo un maletín de viaje, por lo que presumí que se dirigía a la Terminal de Transportes. Un funcionario del Cable Aéreo le informaba al usuario que ese día y durante siete días más el servicio estaba suspendido por mantenimiento.

Esta escena llevó a mi mente inmediatamente a la línea del MetroCable de Medellín, y me puse a pensar en las consecuencias que tendrían la ocurrencia de un hecho similar en las líneas J o K del Metro antioqueño. Sin duda –pensé- en Medellín hubiera habido cuando menos una manifestación, tal vez también algunos disturbios y llamados de concejales y líderes comunales al pronto restablecimiento del servicio. Acá en cambio, no pasaba nada, tal vez sólo una pequeña rabieta del usuario distraído que se enteraba en la puerta de la inactividad del sistema, y que abordaba un taxi hacia la Terminal.

Me cuestioné entonces sobre la utilidad, necesidad y oportunidad del servicio que presta el Metro Cable de Manizales. Me pregunté si el trazado del mismo hacía parte de una política de movilidad para la ciudad, si se pretendía la satisfacción de las necesidades de transporte de las personas más necesitadas de la ciudad, tal como se hace en Medellín. Mis cuestionamientos se aumentaron con la nueva línea que está pendiente de ser inaugurada, que comienza en el sector del Cable y concluye en el ecoparque Los Yarumos. ¿Qué beneficios sociales traen estas líneas del Cable?, ¿cómo mejora la calidad de vida de los manizaleños al usar estos servicios?, ¿disminuyen los costos que las familias manizaleñas tienen que invertir en transporte?.

Mis dudas no solamente recaen sobre el logro de los objetivos sociales (si es que los hay) del proyecto, también me cuestiono sobre las ventajas económicas del mismo. ¿Será que el trazado actual ya construido, se corresponde con el sector que más población puede transportar el sistema?, ¿está garantizada la viabilidad financiera con base en los aportes de los usuarios del mismo, o será una carga más para los contribuyentes de la ciudad?, ¿cómo sería el promedio de uso, y consecuentemente, el de recaudación del Sistema si, por ejemplo, existiera una línea del Cable Aéreo con destino la Comuna Ciudadela del Norte donde está el grueso de la fuerza laboral de Manizales?.

Estoy presto a recibir las respuestas a estas y otras inquietudes, las cuales comparto con otros ciudadanos respecto de este proyecto, que valga acotar, está en el corazón y en las ilusiones de muchos manizaleños, incluso de los adoptivos, como yo.

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